martes, 29 de enero de 2013

Gustave Courbet: Realismo, orígenes y revolución.

Courbet por Nadar, 1855.
Jean Désiré Gustave Courbet, pintor realista francés, (Orleans, 10 de Junio de 1819- La-Tour-de Peilz, Suiza, 31 de Diciembre de 1877). Establecido en la capital parisina desde 1839, tras un fallido intento por estudiar derecho decide dirigir su formación al mundo de las artes. Formado en La Academia Suisse y consagrado a la pintura, sus visitas diarias al Louvre y las copias que realizó de los maestros flamencos o españoles, resultan ser su experiencia pictórica más elemental. Recursos, técnica y conocimientos que pone en práctica y demuestra al participar en El Salón de 1845, con su obra: "El guitarrero y el hombre herido".
Parte activa de La Revolución liberal que sacudió Francia en 1848, su intervención política le valío la etiqueta o apelativo de artista peligroso. En este sentido, su cercana amistad con la figura anarquista de Proudhom, sustentada en gran medida por su similar sentido de la lucha, la política y el concepto de sociedad, le otorgaban una carga ideológica que es necesario resaltar. Encarcelado y sancionado tras su participación en la célebre Comuna de París (Al ser elegido diputado de la misma, propuso desmontar la columna de Vendome para transportarla a los Inválidos. Fue declarado responsable del deterioro de este monumento y condenado en 1871 a seis meses de prisión y a pagar 100.000 francos de indemnización), decidió exiliarse a Suiza en 1873 donde falleció apenas cuatro años después.

Pintor de paisajes y retratos durante el recorrido de su producción, desarrolla un estilo claramente naturalista que con posterioridad evoluciona hacia el realismo más puro. Opuesto frontalmente a la idealización, aboga por una muestra fidedigna del ambiente entroncado exclusivamente con lo real. Niega cualquier artificio y se encuentra a años luz de academicismos o espíritus clásicos. No cree en los cánones ni en arquetipos inventados, su pintura pretende ser un revulsivo vital, fresco y directo, a veces criticado por su excesivo y nefasto (a juicio de sus destractores) sentido de la vulgaridad o tendente gusto innecesario por la sensualidad. En definitiva, un empaste a base de vigorosas y tensionadas pinceladas, destinadas a conmover y suscitar certezas ante la enrarecida situación social.

Hombre moribundo, 1844.

Autorretrato. Hombre desesperado, 1845.

El hombre con el cinturón de cuero, 1846.

Charles Baudelaire, 1847.

Damas de pueblo, 1851.

El entierro de Ornans, 1851.

El estudio del pintor; Una alegoría real, 1855.

Desnudo con perro, 1862.

Pierre-Joseph Proudhon, 1865.

El arroyo sombreado, 1865.


El origen del mundo, 1866.

El sueño, 1868.

El lago Lemman y el pico Grammont, 1875.


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