jueves, 31 de mayo de 2012

Emilio Pettoruti: Icono de la modernidad argentina.

Emilio Pettoruti, pintor argentino, (La Plata, 1 de Octubre de 1894-París, 16 de Octubre de 1971). Formado en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal, es en 1913 tras recibir una beca del gobierno provincial de Buenos Aires cuando da por iniciado su periplo por Europa; llega a Venecia y en breve recorre la geografía italiana. A mediados de la década (1916), presenta su primera exposición de forma individual en la Galería Gonelli de Florencia, y dos años después fija su residencia en Roma. Asimismo, coincidiendo con el desarrollo de La Primera Guerra Mundial, entra en contacto con ilustres pintores italianos ta Ardengo Soffici o Giorgio De Chirico, entre otros. Tras diversas exposiciones en Italia, se muda a Munich en 1921 y entra en contacto con las vanguardias alemanas. Luego pasa una corta estancia en Francia, manteniendo relación con Juan Gris y Pablo Picasso en la capital parisina, amistades fundamentales en su formación artística. A partir de 1924 retorna a Buenos Aires como cubista convencido, exponiendo a su llegada en el Salón Witcomb, hecho que genera un gran  escándalo en el país donde se le acusa de intentar destruir todo el previo arte nacional (La crítica descalifica todas y cada una de sus obras, sin alguna distinción),  debido a unos trabajos en las que refleja el dominio de un estilo enteramente vanguardista. Compaginando su trayectoria profesional, con diversas conferencias y simposios para dar a conocer las vanguardias europeas en Argentina, es nombrado en 1931 director del Museo de Bellas Artes de su ciudad natal, cargo que desempeña durante 17 años. 

A lo largo de la década de los cuarenta y ya con reconocido prestigio en su país, recorre los principales museos estadounidenses siendo adquiridas algunas de sus obras por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y el Museo de Arte de San Francisco. En los cincuenta fija su residencia en París, ciudad en la que fallecerá en 1971. Entre los galardones más relevantes que le fueron concedidos en su carrera destaca el de La Fundación Guggenhain de Nueva York en 1956. Su obra, influida y determinada por las vanguardias europeas, evolucionó progresivamente a raíz del cubismo y el futurismo, hacia la abstracción de su última etapa europea. A destacar, la elevada cotización de sus obras dentro del mercado del arte donde han alcanzado cifras récord para un artista argentino. Tal y como quedó patente en una de las más recientes subastas.

Sifón o Lacerba, 1915.

La amiga, 1917.

Autorretrato, 1918.

Pensierosa, 1920.

Autorretrato, 1925.

Mi madre, 1925.

Sombras en la ventana, 1925.

La canción del pueblo, 1927.

Quinteto, 1927.

Arlequín, 1928.

El hombre de la flor amarilla, 1932.

El improvisador, 1937.

Sol argentino, 1941.

El Morocho Maula, 1953.

Invierno en París, 1955.

En la selva, 1968.

Visión I, 1969.

Cecilio Guzmán de Rojas: El padre del indigenismo.

Autorretrato.
Cecilio Guzmán de Rojas, pintor boliviano, (Potosí, 24 de Octubre de 1899- La Paz, 14 de Febrero de 1950). Formado inicialmente bajo la supervisión de Avelino Morales en su taller de la ciudad de Cochabamba, con posterioridad y gracias a una beca de estudios, se traslada a Europa y recala en España donde ingresa en La escuela Provincial de Barcelona y a partir de 1921 en La Academia de San Fernando de Madrid (coincide entre otros con Salvador Dalí) para dar por perfeccionado y completado su aprendizaje. Diez años de instrucción y vivencias (1919-1929) por tierras europeas, en los que pasó además por La Escuela de Bellas Artes de París en la que entra en contacto con Pablo Picasso o el taller de Julio Romero de Torres, los cuales significaron un peso notable en su producción posterior. Así, sus influencias nutridas a partir de referentes simbolistas, del Art Noveau y Decó sumadas a su espíritu y visión indigenista conforman su recordado estilo personal. Por otro lado, una vez finalizada la estancia europea retorna a su Bolivia natal donde asume la dirección de La Academia Nacional de Bellas Artes de La Paz y profesionalmente centra su trabajo en la reproducción de retratos donde se acentúen los rasgos indígenas, así como en una temática en torno al paisaje urbano de la ciudad de Potosí y el entorno de La Paz. No obstante, esta deriva artística se ve cortada por el inicio de la denominada Guerra del Chaco a comienzos de los años treinta (Septiembre de 1932 a Junio de 1935 frente a Uruguay), dando lugar a unos trabajos centrados en mostrar el sufrimiento en el campo de batalla. Obras de un claro corte expresionista que será olvidada una vez concluida la contienda. Así, retoma de nuevo los paisajes y retratos como los ejes motores de su producción. De hecho, sus dos cuadros más célebres datan de este periodo: Ñusta de 1936 y Cristo Aymara de 1939, ambos dos retratos "indianizados".

A principios del siglo XX.
En la década posterior, De Rojas se dedicó al estudio y reproducción del entorno de Machu Picchu, de igual modo que hizo años después con El lago Titicaca, dando muestras de un estilo basado en composiciones sintéticas con un caráter cercano al cubismo. Asimismo en este periodo (1946) regresó a Europa con la invitación del British Council londinense para especializarse en la restauración de obras artísticas. En lo que respecta a su última etapa, ocupó sus intereses en la investigación estética, es decir, en la experimentación con multitud de técnicas: coagulatoria (Una técnica de reacciones químicas con la que Guzmán conforma su obra. Líquidos sin color que una vez aplicado el estímulo y cubiertos por la plancha coagulatoria, toman forma y colorido, para fugarse en contacto con el líquido descoagulador), óleo, grabado, acuarela o aguafuerte, además de exponer en diversos puntos de su país natal.Falleció tras suicidarse a la edad de 50 años en el valle de Llojeta, cerca de la ciudad de La Paz.

Considerado como el precursor del indigenismo, un género pictórico concentrado en reivindicar las raíces del pueblo indígena, así como en otorgarle a sus figuras unos rasgos faciales propias de la estética india. A día de hoy, su legado lo posiciona como el mayor referente pictórico boliviano de la primera mitad del siglo XX, sin excepción. 


Autorretrato, 1918.

El mendigo, 1919.

El beso del ídolo, 1926.

El triunfo de la naturaleza, 1928.

Dos obras de la llamada: Guerra del Chaco.Ambas de 1934



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Ñusca, 1936.

Cristo de Aymara, 1939.

Lujuria.

Mujer andina.


Machu Picchu.

martes, 29 de mayo de 2012

Roberto Montenegro: Talento olvidado del muralismo mejicano.

Roberto Montenegro Nervo, pintor, ilustrador, muralista, escenógrafo y grabador mejicano, (Guadalajara, Jalisco, 19 de Febrero de 1885 ó 1887- Ciudad de México, 13 de Octubre de 1968). Inicia su formación artística en Guadalajara en el taller del italiano Félix Bernardelli desde 1903, aunque tan sólo dos años después fija su residencia en Ciudad de México e ingresa en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Méjico o Academia de Bellas Artes de San Carlos, siendo discípulo entre otros del magnífico artista, Julio Ruelas. Asimismo, en este lugar en calidad de alumno conoce a los posteriormente ilustres: Diego Rivera, Francisco Goitia, Jorge Enciso o Saturnino Hernán. En Noviembre1906, no obstante y gracias a una beca de estudios para Europa otorgada por la Secretaría de Instrucción Pública, recala en Madrid hasta 1907, momento en el que se muda a tierras francesas y se asienta en París entrando en contacto con el movimiento cubista y entablando relación con sus más destacados representates: Georges Braque, Pablo Picasso o Juan Gris.
Tras un breve retorno de tres años a su México natal, conoce al polifacético artista Gerardo Murillo o Dr. Atl, y pone de manifiesto su potencialidad artística estando presente en diversas exposiciones hasta su regreso a la ciudad del Sena en 1913. Sin embargo, el comienzo de la I Guerra Mundial fuerza su huida hacia Barcelona y Mallorca, población en la que durante el desarrollo del conflicto pinta el primero de sus murales para el casino de la ciudad de Palma de Mallorca. Terminada la contienda, instalado de  nuevo en Méjico a partir de 1921 y a petición de José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública y el cual le asigna el Departamento de Artes Plásticas, lleva a cabo distintos murales como por ejemplo los que realizó en El Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo: El Árbol de la vida, La vendedora de periódicos o La fiesta de la Santa Cruz, también conocida como La reconstrucción de México por obreros e intelectuales (conservado allí), o en diversos edificios públicos como en La Escuela Nacional de maestros o La Escuela Benito Juárez. De igual manera por esta época destaca su obra, La lámpara de Aladino (1924-1926).

Artista excepcional y de una capacidad creativa tan ingente como estimable, su producción muestra una simbiosis envidiable de surrealismo (Participó junto a Rivera o Carlos Mérida en la Exposición internacional surrealista celebrada en Méjico durante 1940), abstracción, simbolismo y elementos propios de la cultura popular. De esta manera, tradición y elementos propios del modernismo europeo se conjugan para mostrar el estilo definido de un autor con una fuerte seña de identidad. Versátil e incansable, suyas son una nutrida cifra de ilustraciones para libros, decorados y escenografía teatral o de ballet, así como retratos y autorretratos mediante el uso de un espejo convexo entre 1940 y 1960. De igual modo, a lo largo de estas décadas su trabajo está presente en la decoración del Hotel del Prado en 1948, del Banco de comercio en 1953, en el Teatro Degollado con su obra: Apolo y las musas en 1963 o en La casa de las artesanías y su mosaico mural: La muerte de las artesanías de 1964.

Considerado como uno de los pintores más importantes de la escena artística mejicana de los últimos cincuenta años, en esta última década se multiplican las retrospectivas y homenajes a su soberbia contribución. Sin embargo, la falta de crítica y carácter político de sus murales tan presente en la obra de los denominados "tres grandes": Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros ha supuesto una menor relevancia para una obra que a todas luces el tiempo le ha concedido una importancia colosal.
Por útlimo, cabe destacar su papel como director del Museo de Arte Popular en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México allá por 1934 o la consecución del Premio Nacional de Artes de Méjico en 1967.

Vino de consagrar, 1911.

Salomé-París 1910, 1914.

Odalisca.

 A continuación tres obras de su arte mural.
    
La fiesta de la Santa Cruz, 1924-1926. En el colegio máximo de S. Pedro y S. Pablo.

El árbol de la vida o Árbol de la ciencia, 1922. Ubicado en el antiguo colegio de San Idelfonso, Ciudad de Méjico.

Alegoría del viento o El ángel de la paz, 1928. Situado en el Palacio de Bellas Artes.

Síntesis, 1939.

Estudio de Tasso, 1942.

A la escuela, 1952.

Así es, 1952.

El niño cantor, 1952.

La víspera, 1952.

Los dos amores, 1952.

Xipe, 1952.

 Autorretratos.



Autorretrato, 1942.

Autorretrato con esfera, 1959.

Autorretrato con perro.


 Obras de su última etapa.

Cabeza azteca, 1965.

Mujer en vestido rojo, 1967.

El crepúsculo, 1968.

Estela con figura rosa, 1968.
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