lunes, 30 de abril de 2012

Otto Dix: Retratos, marginalidad y máscaras de gas.

Otto Dix, pintor expresionista alemán, (Gera 1891-Singer, 1969). Inicia su periplo personal en Dresde, donde desde 1909 recibió formación académica y comienzó su actividad laboral, ejerciendo como decorador. Enrolado en las tropas alemanas como voluntario en la I Guerra Mundial, siempre defendió su obligación de participar en el conflicto para plasmar la realidad y la muerte desde la mayor asepsia informativa posible. No en vano, Dix afirmaba: "No he ido al campo de batalla para hacer propaganda, sino a elaborar un natural análisis de la realidad", de ahí la intensa y despiada acritud de algunos de sus cuadros, que en más de una ocasión fueron despreciados por lo que algunos entendían como "atracción por lo brutal".

Experiencias bélicas que marcaron su desarrollo vital, y de manera constante aparecen relacionadas con la temática de su obra, la cual se dirige hacia la denuncia social, manifestada en multitud de arquetipos generalmente provenientes de estratos marginales o aislados: putas, vagabundo, borrachos, miserables, .... Influído claramente por tres movimientos: el cubismo, futurismo y el realismo crítico, así como por el estilo vigoroso de manejo del color a cargo de Vincent Van Gogh y de manera breve por el dadísmo, (razón que le lleva a participar en la exposición mundial Dadá celebrada en la capital alemana durante 1920), es considerado un pintor expresionista, e incluído desde 1923 dentro del grupo Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad), junto con Georges Grosz o Max Beckmann.

La subida de Hitler al poder en 1933, supusó la interrupción de su carrera (Inclusive fue hecho prisionero por la Gestapo) y la destrucción de la mayoría de su producción pictórica . Al final de su vida, desde 1946 realizó esencialmente pinturas religiosas de carácter expresionista.
A destacar que Dix, intentó mostrar al espectador, las consecuencias del dolor, la tristeza o la exclusión en su pueblo, sin encuadrar su protesta en una dimensión política sino centrada en el sujeto y su calidad humana, es decir, al margen de afiliaciones politicas u otras ideologías como se puede apreciar a diferencia en la obra de colegas coetáneos como Grosz o Conrad Felixmüller.

The num, 1914.

Calle de Praga, 1920.

Jugadores de cartas, 1920.

Retrato del doctor Koch Verist, 1921.

El salón, 1921.

Frente al espejo, 1921.

Muertos delante de la posición de Tahure, 1924.

Hombre muerto, 1924.

Calavera, 1924.

Tropas avanzando con máscaras de gas, 1924.

Retrato de la bailarina Anita Berber, 1925.

Retrato de Adolf Uzarski, 1925.

Dr. Mayer-Hermann, 1926.

La periodista Sylvia Von Harder, 1926.

Retrato del actor Heinrich George, 1932.

Prisioneros de guerra, 1947.


domingo, 29 de abril de 2012

Max Beckmann: Un palacio para los dioses.

Max Beckmann, pintor expresionista alemán, (Leipzig, 12 de Febrero de 1884-Nueva York, 27 de Diciembre de 1950). Huérfano de padre desde los 10 años, y de madre apenas superada la veintena, tuvo en estas dolorosas experiencias unas crudas raíces que marcarían la temática de su obra a lo largo de los días. Rechazada su solicitud de ingreso en la Escuela de Bellas Artes de Dresde, probó suerte en la de Weimar, comenzando su formación académica en 1900. Al poco tiempo, emigra a París donde entra en contacto con la genialidad creativa de los grandes, viéndose influido por impresionistas entre los que cabe resaltar a Edgar Degas, Claude Monet o Paul Cézanne.

En esta primera etapa destacó su pintura Pequeña escena de la muerte (1906), centrada en la pérdida de su madre y con la muerte como trasfondo personal. Casado con su prometida Minna Tube, desde la celebración de la boda hasta el comienzo de la I Guerra Mundial, su carrera estuvo dirigida hacia un intento claro por perpetuar la denominada pintura histórica. Aunque los diversos intentos fallidos por revitalizar dicha temática, como pone de manifiesto su ambicioso trabajo El hundimiento del Titanic (1912), fueron del todo improductivos, en cuanto a reconocimiento crítico se refiere. De esta manera la propuesta destinada a plasmar, a modo de alegoría,  el devenir catastrófico en la sociedad actual, no pasó en ningún momento a ser más que considerada por los analistas, como una obra vacía y de escasa validez argumental.

En otro sentido, el comienzo de la Gran Guerra en 1914 supondrá un punto de inflexión determinante en la trayectoria del pintor. Enrolado voluntariamente en las tropas, decide participar de manera activa en el proceso y ser como afirmaba: "testigo directo de la barbarie humana que representaba la conflagración". Pero el desarrollo del conflicto y el aumento del horror en las trincheras, pasó de ser una experiencia vital y necesaria para configurar su arte, a representar el peor de los enemigos en un hombre que colapsado física y psíquicamente por la impactante realidad, tuvo que ser dado de baja como soldado a mediados de 1915.

Tras el abandono militar, sus intereses giran alrededor del individuo y el entorno socio-económico que lo rodea, en unos cuadros siempre al margen de posicionamientos políticos, ideológicos y orientados a no renunciar de su función estética, tal y como hicieron compañeros suyos en el grupo de La Nueva Objetividad: Otto Dix, Georges Grosz y Conrad Felixmüller.
Asentado en Francfort hasta principios de los años veinte, en la producción de esta etapa destacaron obras como su famosa La noche (1919) o El embarcadero de hierro (1922), donde se puede apreciar una evolución en su técnica pictórica, presente en la pérdida progresiva de alegría en los colores y en la deformación de las figuras.
Posteriormente, en la década de los treinta el ascenso al poder del nazismo, significó que su arte fuera catalogado como degenerado y en consecuencia sufriera un expolio sistemático por parte del gobierno. Razones fundamentales para iniciar un exilio hacia Amsterdam, ciudad holandesa que a finales de los cuarenta (1947) decidió abandonar para establecerse definitivamente en EEUU, donde fallecería pocos años después.
Como curiosidad, es preciso resaltar el elevado número de autorretratos presentes en sus realizaciones.

Gran escena de la muerte, 1906.

Hundimiento del Titanic, 1912.

Autorretrato con bufanda roja, 1917.

La noche, 1919.

Autorretrato con copa de champagñe, 1919.

Embarcadero de hierro, 1922.

Mañana, 1946.

Autorretrato con chaqueta azul, 1950.

sábado, 28 de abril de 2012

Georges Grosz y el movimiento de La Nueva Objetividad.

Estamos ante un movimiento, el de La Nueva Objetividad, donde no se puede afirmar la existencia de un estilo común y homogéneo, sino lo contrario, el resultado de unas personalidades dispares en sus orígenes, técnicas e influencias. Lo que los une, son sus mismas circunstancias históricas y el marco en el que basan sus creaciones: la ciudad. A diferencia de los anteriores expresionistas de Die Brucke (El puente), su producción artística está ligada al contexto de posguerra mundial. La situación social y económica, en este caso resultan ser determinantes, y la experiencia bélica el detonante inicial para pintores jóvenes nacidos en la década final del siglo XIX como Georges Grosz, Max Beckman, Otto Dix o Conrad Felixmüller.
La temática centrada en expresar los ánimos y sentimientos, ha sido del todo descartada, ahora el individuo junto con la denuncia social y política son el centro de sus actividades.

Georges Grosz, pintor expresionista alemán, (Berlín, 1893-1959). Recibió su formación en la Academia de Bellas Artes de Dresde. Contrario al academicismo como forma de expresión pictórica, a partir de 1912 se traslada a Berlín, y es aquí donde comienza a recrear multitud de escenas urbanas y cotidianas de bares, restaurantes o calles, junto con el alterne o la vida burguesa, siendo por así decirlo, su descubrimiento personal de la diversión y posibilidades de la gran ciudad. El año después viaja a París, y en 1914 con el estallido de la conflagración mundial proclama su rechazo a la violencia. Concluida la guerra, retorna en 1916 a la capital alemana que lo vio nacer, pero ya nada es igual, el halo de romanticismo, color y vida que desprendía con fuerza la urbe hace escasos años, ha sido dilapidado. La destrucción, miseria y mezquindad ensucian sus calles al completo.
En este momento, Grosz dentro de su estudio plasma la realidad, y realiza una radiografía profunda de la Alemania derrotada. Composiciones de prostitutas, borrachos, desamparados, ambientes sórdidos y cotidianos, escenas urbanas,... son sus principales aportaciones, con influencias del cubismo pasando por el surrealismo de Giorgio De Chirico hasta el postimpresionismo del francés Henri de Toulouse Lautrec, como puede apreciarse en algunas de sus obras representativas: Exequias. Dedicado a Oskar Panizza (1918) o Metrópolis (1917).

Junto con Conrad Felixmüller, fue el único de su grupo que se dedicó de manera activa a la política, convencido de que el arte era un arma, pasó a integrarse en las filas del partido comunista alemán. Su condición ideológica lo empuja a realizar un viaje a Rusia en 1922, donde incluso conversa con Trotski, y se muestra un fiel defensor de la causa soviética. No en vano sus sólidos principios, quedaron patentes en sus creaciones: "mis dibujos debían ser sobrios y directos, lejos de artificios, y dirigidos a mostrar un claro mensaje de protesta". La subjetividad no tenía cabida, él pintaba para ser un instrumento político, que denunciaba el terror, hambre o la enfermedad. Acusado de provocador, irreverente y obsceno, repudiaba a la Alemania radical junto a sus verdugos, mostrando lo peor de si mismos. Condenado al ostracismo por el nuevo régimen nazi, al volver a Alemania es obligado a abandonar su país a principios de 1933 e instalarse en EE UU, donde permanecerá hasta poco tiempo antes de morir, cuando regresa a su ciudad natal.

Suicidio, 1916.

Lovesick, 1917.

Metrópolis, 1917.

Exequias. Dedicado a Oskar Panizz, 1918.

El ingeniero John Hearltfield, 1920.

El escritor Max Herrmann Neisse, 1925

Escena cotidiana, 1925.
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El boxeador Max Schemling, 1926.

Caín o Hitler en el infierno, 1944.

La danza del hombre gris, 1949.

viernes, 27 de abril de 2012

Conrad Felixmüller: Crítica, comunismo y revolución a color.

Conrad Felixmüller, pintor expresionista alemán, (Dresde, 21 de Mayo de 1897- Berlín, 24 de Marzo de 1977). Formado a partir de los 15 años en la Escuela de bellas artes de su ciudad natal, desde su ingresó siempre obtuvo calificaciones excelentes en cada uno de sus trabajos, por lo que en 1914 le fue reconocida su actividad como brillante por parte de la institución, dejándose entrever el potencial creativo a desarollar en su posterior carrera y producción. Crítico y con unos sólidos principios ideológicos (comunistas), negó el apoyo a Alemania en la I Guerra Mundial, y en ningún momento manifestó entusiasmo patriótico por sus tropas. Concienciado políticamente (Al igual que su compañero Georges Grosz), se centra y defiende la creación artística como un medio de lucha y respuesta a los estamentos dirigentes, haciendo alusión directa a los avatares y acontecimientos socio-políticos que suceden en la nación.
Trasladado a Berlín en 1915, será la capital alemana el lugar clave para su progreso como pintor crítico e inconformista, al relacionarse con artistas de homólogo pensamiento y convicción. Opuesto al esteticismo en el arte, vio en figuras como el citado Grosz, Raoul Hausmann o Theodor Däubler, un interés manifiesto de actividad, acción y lucha a través de la pintura que le permitieron alentar una cierta cooperación.

Sus cuadros muestran una clara predilección por la temática del mundo obrero y el clima social que lo rodea, basándose esencialmente en la deformación expresiva de los rostros, la mezcla de colores y en una fragmentación de los espacios que lo emparentan directamente con el cubismo y sus influencias.
Con respecto al carácter expresionista de su obra, cabe resaltar, la diferencia palpable frente a otros miembros del movimiento, esencialmente en el uso de un cromatismo plagado de rojos, violetas y amarillos en tonalidades muy intensas. Estilo que por otra parte es olvidado por el autor, tras perder la fe en una ideología comunista incapaz de gestionar una revolución con garantías de cambio real, orientando desde este momento su pintura a la utilización de colores más apagados y la plasmación de paisajes.
Junto con Georges Grosz, Otto Dix y Max Beckmann constituyó el grupo artístico: La Nueva Objetividad.

Autorretrato, 1920.

El agitador, 1920.

El minero, 1920.

El orador político, 1920.

Retrato de Raoul Hausmann, 1920.

Obreros regresando a su casa, 1921.

La muerte del poeta Walter Rheiner, 1925.

Autorretrato, 1926.

jueves, 26 de abril de 2012

Marcel Gromaire: Una guerra, el mundo obrero y los desnudos femeninos.

Marcel Gromaire, pintor expresionista francés, (Noyelles-Sur-Sambre, 24 de Julio de 1892-París, 11 de Abril de 1971). Comienza su formación académica en París, cursando estudios en Derecho que al poco tiempo abandonó. Matriculado a partir de 1912 en La Academia de la Palette, donde su director el pintor cubista Henri Le Fauconnier, resultó ser una poderosa influencia en su excelente producción posterior, al conjugar el carácter sintético del cubismo con el estilo expresionista. Además en esta época es visitante asiduo de otras academias de Montparnasse como Colarossi o Ramson. Da muestras de sus virtudes, por primera vez de manera individual en la exposición del Salón de los Independientes de 1911 y, tan sólo dos años después se ve empujado por el conflicto mundial a hacer el servicio militar. Combatiente en los frentes de Alsacia y Somme (en el que fue herido), su experiencia de la guerra de trincheras, quedó plasmada en la serie de dibujos publicados como Le Crapouillot (Algo así como las municiones usadas por las tropas francesas), de 1916 a 1918, y en su obra más recordada a nivel internacional, titulada: La Guerra (1925).
Al finalizar su experiencia en la batalla, emprendió a lo largo de los años veinte,  una serie de viajes por Europa donde recorrió entre otros países: Alemania, Bélgica, Países Bajos o Gran Bretaña; pasando por multitud de museos y entrando en contacto con estilos, artistas y corrientes dispares que resultaron ser fundamentales para su progresión y evolución como pintor.

Artista multidisciplinar, estuvo interesado en otros campos artísticos como el tapiz, del cual se le ha postulado con los años como uno de los precursores principales de su renacimiento, el grabado, o los aguafuertes, con los que ilustró numerosas obras literarias como Los pequeños poemas en prosa, de Charles Baudelaire. Influido entre otros por Paul Cézanne, el arte románico galo o el arte medieval, reflejado en la rigidez de las figuras en alguna de sus obras; a lo largo de su carrera mostró predilección por una temática plagada de alusiones al entorno obrero, la forma de vida agraria, los retratos o en un prisma opuesto, los desnudos femeninos. Siempre centrado en la importancia del individuo, más allá del valor estético de sus pinturas, posee un estilo peculiar que algunos críticos consideran, más próximo al cubismo de Fernand Léger o Juan Gris, que a los propios cánones expresionistas.
Parte activa en la liberación de París al finalizar la II Guerra Mundial en 1944, designado en un breve periodo como el vicepresidente de la Unión Nacional de los Intelectuales franceses (fundada por la resistencia a la invasión nazi) y, pasando a ser con posterioridad de 1950 a 1962 profesor en la Escuela de Arte Decorativos de París. Representado en gran medida en el Museo de Arte Moderno de París, entre las concesiones a su trayectoria destacan: en 1956 del Premio Nacional del Guggenheim y en 1958, del Premio Nacional de las Artes.

Además, llevó a cabo una actividad al margen de la pintura como: escritor, crítico y articulista de opinión acerca del cine u otras disciplinas de vanguardia.

Retrato de Georges Zérapha, 1922.

Los campesinos en la granja, 1923.

Bebedores de cerveza, 1924.

La guerra, 1925.

La modelo rubia, 1927.

Inclinada sobre butaca roja, 1928.

Jugadores de cartas, 1928.

El beso, 1936.

Rubia desnuda en un taburete rojo, 1950.


El bar, 1952.


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