martes, 7 de febrero de 2012

Pierre-Auguste Renoir: El impresionista romántico.

El pintor en 1916.
Pierre-Auguste Renoir, pintor y escultor impresionista francés, (Limoges, 25 de Febrero de 1841-Cagnes-sur-Mer, 3 de Diciembre de 1919). Entroncado con el mundo del arte desde su etapa infantil, dedica sus primeros años a la decoración de porcelana o el diseño de abanicos y cortinas. Trabajos que olvidados a partir de 1857, le permiten dedicar su tiempo por completo a la pintura. La Escuela Superior de Bellas Artes o el taller Gleyre, ambos en la capital parisina, resultaron ser sus centros de formación artística. Sin embargo, las tertulias mantenidas con coetáneos y célebres colegas, también impresionistas, de la talla de: Claude Monet, Alfred Sisley, Paul Cézanne o Camille Pissarro en el café Guerbois, representaron quizás su mayor motivación. Mezcla de inquietudes, sentidos y postulados similares a los del propio Renoir que, a la postre, resultaron ser una de las claves fundamentales para su progreso artístico e intelectual. Contrarios al academicismo imperante y admiradores confesos de Édouart Manet, en ellos está el germen legítimo del impresionismo como tal. La pintura al aire libre o "Plein Air" se convierte en su actividad principal, desde los años sesenta hasta comienzos de los ochenta del XIX. Lienzos en compañía de Monet, (junto a éste completa una de sus series con el tema de La Grenouillére como elemento principal, e incluso en 1873 repetirá pintando al Plein Air motivos del Sena en Argenteuil) o de Bazille por los bosques de Fontainebleau, reflejan el estudio y definición de su visión impresionista. Poco después, ve interrumpida su producción a causa del comienzo de  la guerra franco-prusiana (1870-1871). Alistado en el frente, lucha y pierde en combate a su compañero y profesor Bazille, dando por concluida su etapa formativa como pintor.
Recupera fuerzas y retorna a sus orígenes, donde desde 1876 y tras haber sufrido el rechazo frontal en ediciones anteriores, es admitido de manera regular en todas las exposiciones ofrecidas en el Salón. Acogida incuestionable y sin reservas, cimentada en esencia a base del estrecho apoyo concedido por reputados editores o críticos de arte como: Zola, Mme. Charpetier o Daudet, entre otros. En consecuencia: el prestigio, solvencia económica y constante presencia en las exposiciones pasa a ser una frecuente realidad. No obstante, el cuadro: El almuerzo de los barqueros de 1881 encarna un claro punto de inflexión. ¿Lo consideró tan perfecto que no lo podría superar o el suyo fue un miedo temible a caer en una posible reiteración?, sea como fuera este significó su adiós al Plein Air. "En mi obra se produjo una ruptura. Había ido hasta el fondo del impresionismo", aseveraba el pintor.

Instalado con posterioridad desde 1882 en tierras italianas, la influencia directa de la obra de Piero della Francesca o Rafael, determinan una nueva etapa en su desarrollo y producción artística. Una vuelta de tuerca a su estilo y temática, ahora dirigido hacia el aroma clásico de tiempos pasados. Desnudos cuerpos de mujer, colores ácidos o agrios y una renuncia manifiesta a pintar al aire libre, representan las claves de este cambio drástico y temporal. "El pincel de Renoir, rápido y ligero, le confiere gracia, agilidad, abandono, hace la carne transparente, colorea las mejillas y los labios de un brillante encarnado. Las mujeres de Renoir son hechiceras", afirmaba el escritor Theódore Duret
Conocedor de Diego Velázquez, tras un viaje por España entre 1891 y 1892, el sevillano se convierte en uno de sus artistas predilectos y sus retratos femeninos en el foco principal. Un cromatismo cada vez más cálido y repleto de figuras pletóricas, dominan el recorrido de unas pinceladas reflejo de su amor por el cuerpo de la mujer. Sensualidad, dulzura y encanto a partes iguales. "Un seno, es redondo, es caliente. Si Dios no hubiera creado el pecho de la mujer, no sé si habría sido pintor", decía Renoir.

En la puerta de su casa en 1893.
A lo largo de sus últimos años, reside por largos periodos en la costa mediterránea francesa donde aquejado de reumatismo y anquilosado por la enfermedad (Andaba con muletas y la rigidez de sus dedos apenas le permitían asir el pincel), intenta trabajar con el mismo nivel de intensidad las pinturas, además de la escultura y el grabado.
A diferencia de genios incomprendidos e infravalorados, gozó en vida de un crédito notable que fue rubricado poco antes de fallecer, al estar presente parte de su obra en el museo Louvre de París (Incluso en 1918, el estado francés compró al pintor el retrato de Mme. Charpentier para exponerlo en dicha colección). Reconocido por su gusto y patente primacía de las formas sobre los paisajes, así como por su técnica asentada en la superposición de capas delgadas y transparentes, sus lienzos manifiestan su sello personal. Apuntar que contempló como referentes a los pintores: Delacroix, Corot, Millet y Courbet, de los cuales logró obtener un sentido del color y el volumen intrínsecos en su evolución posterio.

El pintor Lecoeur en el bosque de Fontainebleau, 1866.

Sisley y su mujer, 1868.

La Grenouillére, 1869.

La Grenouillére, 1869.

Monet leyendo, 1872.

Paisaje en París, 1873.

El palco, 1874.

Baile en la Moulin de la Galette, Montmartre, 1876.

El almuerzo de los barqueros, 1881.

Richard Wagner, 1882.

Desnudo al sol, 1885.

Después del baño, 1888.

Tres bañistas, 1895.

Autorretrato, 1897.

Grabielle, 1907.

Ambroise Vollard, 1908.


Brazo del Sena en Croissy, 1911.

Bañistas, 1918.

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