miércoles, 18 de enero de 2012

Ángeles Santos: Un mundo surrealista propio.


Ángeles Santos Torroella, pintora española, (Portbou, Gerona, 11 de Noviembre de 1911). Hija de un oficial de aduanas y hermana del reconocido crítico literario Rafael Santos. Durante su infancia, debido al itinerante trabajo paterno, fija su residencia en diferentes localidades a lo largo y ancho del país. Traslados múltiples y fugaces, frente a otros de importancia clave para su evolución y trayectoria posterior, como fueron: Sevilla y Valladolid. No en vano, es en la capital andaluza donde se descubren sus excelentes aptitudes para la pintura y recomienda a la familia su formación artística. Una formación académica puesta de manifiesto e iniciada con posterioridad en Valladolid, a las órdenes del pintor italiano Cellino Perotti en un periodo de dos años. Concluida su etapa de aprendizaje, da inicio al enorme potencial de sus pinceles, siendo:"Tertulia (El cabaret)" de 1928, la primera de sus obras relevantes y referente obligado del influjo de la Nueva Objetividad alemana en la pintura nacional. Sin embargo, será su lienzo maestro y emblema dentro de toda su carrera: "Un mundo" de 1929, quien le otorgue una posición destacada en el panorama surrealista nacional. Un trabajo colosal, repleto de simbolismo y fruto de un delicioso universo onírico por descubrir. Ambas, a día de hoy, presentes en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Integrada dentro de los círculos intelectuales de su época, en contacto con artistas como: Cristobal Hall, Mariano de Cossio, Jorge Guillén, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez...Expone por primera vez de forma individual en el Ateneo de Valladolid en 1929, obteniendo un notable reconocimiento que la llevará a exponer en el Salón de Otoño madrileño e incluso más adelante algunos de sus lienzos serán exhibidos en: París (1931) o el Pabellón español de la Bienal de Venecia (1936).

A los 96 años con algunas de sus obras.
Una progresión vertiginosa y tremendamente prodigiosa para su corta edad, que se ve truncada por diversos problemas personales (crisis nerviosas seguidas de su internamiento en un sanatorio) y no resucitada hasta mediados de los años treinta. Un despertar elogiado, tras haber contraído matrimonio con el pintor Emili Grau Sala, pero que poco o nada tiene que ver con la fuerza, fascinación y exquisita originalidad aportada por el genio de su juventud. "Cuando me casé, me dije que ya no quería pintar más como lo había hecho", tal y como pone de manifiesto Santos, su producción sufrió un giro radical. Colores vivos y luminosos alejados del legado previo junto a paisajes y pinturas metafísicas copan este nuevo periodo artístico. Sin embargo, tras dar a luz a su hijo, el también pintor Julián Grau Sala, se consagra por entero a la maternidad y no retoma la paleta hasta 1967, para dos años después exponer en la Sala Rovira barcelonesa. Desde entonces, algunos galardones valoran su inmenso talento. Así, la concesión en 2004 de la Medalla Nacional de Bellas Artes o el Premio San Jorge entregado por la Generalitat catalana en 2005, rinden tributo a una artista que debía haber sido figura clave a nivel internacional. En definitiva, una mujer fascinante, artista libre, bandera de las vanguardias y sinónimo de genialidad. Una estrella sobresaliente sobre las surrealistas de su generación: Remedios Varo, Maruja Mallo o Leonora Carrigton, la cual, pese a su vertiginosa y  precoz herencia antes se apagó.



Niña durmiendo, (1929).


La tierra, (1929).


Tertulia (El cabaret), 1929.


Un mundo, (1929).


La niña muerta, (1930).


Lilas y calavera, (1930).

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