lunes, 17 de octubre de 2011

Oliver Ray: Derritiendo los colores.

Oliver Ray, pintor canadiense, ( Winnipeg, Manitoba, 1972). Nacido en el seno de una familia dedicada al mundo de las artes: su abuelo inmerso en la publicidad fue un artista comercial, su abuela pintaba paisajes, su bisabuelo fue un escritor de novelas y obras de teatro, mientras que su tío es un reconocido ilustrador. Una base e influencia nada despreciable, si lo que a apoyo e inquietudes se refiere para dar comienzo a su carrera profesional. Formado en la Universidad de Columbia del Norte, tras pasar por el ejército y trabajar en grandes empresas, en la actualidad reside en una pequeña localidad de la Isla Eduardo. Una iglesia con más de un siglo de antigüedad  ha sido el lugar elegido para asentarse junto a esposa e hijas, la que convertida en casa y estudio se presenta como el idóneo espacio para pintar.
Influido fundamentalmente por Gustav Klimt y el peculiar uso del color o las formas del expresionista Egon Schiele, a día de hoy, su producción va encaminada a tener repercusión a nivel mundial. La de un artista con un estilo y objetivos definidos: "Quiero pintar las emociones humanas. Por lo general, trato de expresar lo que pienso que un tema en particular puede estar sintiendo, si se trata de un músico que trata a la huelga que la nota perfecta, o dos amantes se miran a los ojos del otro", con una sólida progresión. De hecho, algunos de sus cuadros han sido vendidos para coleccionistas en Australia, Europa o India.


La bebedora de café.

Los jugadores de póker.

Los bailarines.


El sueño.


Adán y Eva.


Pareja con un bebé.


The cellist.


La copa de la Commonwealth.


El poeta.


El abrazo.


Cara a cara.

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