domingo, 2 de octubre de 2011

Georges-Pierre Seurat: El padre del puntillismo.


Georges-Pierre Seurat, pintor neoimpresionista  francés, (París, 2 de Diciembre de 1859-Ídem, 29 de Marzo de 1891). Nacido en el seno de una familia humilde, gracias a a sus innatas actitudes, desde muy temprana edad desarrollo su faceta artística realizando diversos dibujos bajo la dirección del ilustre escultor Lequien. Además, más adelante ingresó en la Escuela de Bellas Artes y en el estudio taller de Lehmann donde recibió un notable influjo de estilo clásico de Jean Auguste Ingres. Aunque, su mayor interés recaía en Eugéne Delacroix, al cual, visitaba asiduamente en el Louvre parisino. Finalizada su etapa académica, comienza su interés por el estudio de la luz.
Co-partícipe en la fundación del Salón de los artista independientes, constituyó un grupo pintores coetáneos al autor, tales como: Cross, Dubois-Pillet o Paul Signac, entre otros. Catalogados como neoimpresionistas, divisionistas o puntillistas, tuvieron a Seurat como referente principal.
De mente abierta y un espíritu inquieto dotado para la investigación, tras una época basada en el juego con otras técnicas pictóricas, Seurat cree conveniente ligar su trabajo al llamado "contraste simultáneo" desvelado por Eugéne Chevreul, Charles Blanc o Ogden Rood consistente en concederle una importancia capital a la luz gracias a un uso medido de las sombras y al contraste recíproco entre los dos valores, una mezcla óptica sensacional. Por ello, redujo en sus obras los efectos propios de la luz a la reproducción básica de las formas y sus matices, en un proceso de descomposición de la misma. Su método pausado y "racional" perseguía obtener los mismos efectos brillantes que sus colegas impresionistas habían logrado de manera instintiva. De ahí, el uso de pequeñas manchas de color (siempre separadas) en sus cuadros, a fin de lucir una mayor claridad. Es decir, una técnica basada en aplicar diminutos círculos de colores puros, conocida como: Puntillismo o divisionismo, tal y como era el gusto del pintor.

Retrato de Seurac por Charles Maurin.
No obstante, pese a ser un virtuoso y prolífico genio, no obtuvo el reconocimiento del tiempo al que perteneció. Le dieron la espalda hasta sus colegas de profesión, siendo únicamente Camille Pissarro quien dio un giro a su carrera y de manera temporal practicó su novedosa técnica. De esta manera, su presencia en la octava exposición de pintores impresionistas o en el segundo Salón de los independientes en Bruselas, ambas en 1886, resultó ser un rotundo fracaso crítico y comercial. Ni la deliciosa obra: Un domingo de verano en la Grande Jatte, expuesta en sendas muestras le otorgó el justo prestigio del que era merecedor.
Incluso Claude Monet (quien lo calificó de pintamonas) o Renoir, se negaron a exponer con él.
Con posterioridad, su excelente capacidad para sintetizar el cromatismo y la estilización de las masas, también formó parte del Salón de los independientes en el Museo metropolitano de la ciudad de Nueva York. Falleció a los 31 años de edad, dejando a modo de testamento una ingente cantidad de bocetos y dibujos (elaborados mediante la ténica de coloreado transparente sobre papel rugoso) a punto de finalizar. Su rigor técnico influyó visiblemente en los pintores fauvistas, mientras que sus atractivos conocimientos teóricos sirvieron de apoyo y sedujeron al grupo de los cubistas, debido en gran parte a su medida geometrización en las figuras.


 Madame Seurat leyendo, (1883).


Un baño en Asneres, (1884).


Un domingo de verano en la Grande Jatte, (1885).


La María, Homfleur, (1886).


Modelo de perfil, (1887).


Retrato de Paul Alexis, (1888).


En el concierto del Edén, (1888).


Las modelos, (1888).


Retrato de Paul Signac, (1890).

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