viernes, 9 de septiembre de 2011

Victor Brauner: El arte de la premonición.

Victor Brauner, pintor y escultor surrealista rumano (Pietra Neamt, Moldavia, 15 de junio de 1903 – París, 12 de marzo de 1966). Trasladado junto a su familia en el periodo infantil a la capital vienesa, es en ella donde inicia su etapa de formación. Posteriormente en 1914, retorna a su Rumanía natal y fijan su residencia en la ciudad de Braila situada en la región de Dobroja. Instalado en Bucarest, ingresa en la Escuela de Bellas Artes local durante tres años (1919-1921), así como en la Academia Libre de Pintura de Horia Igirosanu. Innovador y con una extrema capacidad para la experimentación, su estilo se adherirá a diversas corrientes: Cubista, dadaísta, abstracta,... Establecido como profesional, lleva a cabo su primera exhibición a título individual a mediados de los veinte (1924) en la Galería Mozart de Bucarest. Tan sólo un año después realizará un viaje a París, especialmente influyente en su carrera posterior, que determinará su clara tendencia hacia el movimiento surrealista. Establecido de nuevo en su Rumania natal, desde 1928 a 1930, colabora de forma activa en la revistas vanguardistas nacionales "Unu" o "Alge". No obstante, con el comienzo de la década posterior retoma su experiencia parisina y entra en contacto con ilustres representantes de la vanguardias vigentes como su compatriota el escultor Constantin Brancusi, el poeta Benjamin Fondana o los artistas Alberto Giacometti e Ives Tanguy, con los cuales incluso comparte alojamiento.

Más adelante, concretamente en 1933, se llevará a cabo su primera exposición en la Galería Pierre de la ciudad del Sena, en la que a cargo de André Breton, será presentado artísticamente en la cultura y sociedad francesa. Asiduo al ambiente surrealista parisino, pronto se convertirá en un activo partícipe de la ideas socialistas y férreo defensor de un acción real y efectiva. Debido a ello, tras su vuelta de nuevo a Bucarest, se introduce en el Partido Comunista patrio en su lucha antifascista. "Brauner toma la actitud misma de su ideología en la plástica", fue la idea lanzada por voces críticas después de valorar algunas de sus obras surreales expuestas en el país.
Autorretrato con un ojo arrancado, (1931).
Finalizada esta etapa, regresa a tierras francesas en 1938 y poco tiempo después pierde su ojo izquierdo en uno de los episodios más recordados en su biografía. En 1931, Víctor Brauner había pintado: "Retrato con el ojo arrancado". Cuadro, cuyo origen según palabras del autor fue el siguiente: "Un día en el que no tenía nada más para hacer… estaba vacío, quise hacer un retrato minúsculo de mí mismo delante un espejo, y pinté este retrato. Para animarlo un poco, para hacerlo un poco más extravagante, como todo es posible, le quité un ojo. Pues bien, es este mismo ojo el que me ha sido arrancado; la herida era idéntica 7 años más tarde. Y entonces, a raíz del accidente, descubrí que desde 1925 ó 1927, he encontrado en mi obra personas cuyos ojos estaban afuera.". Accidente que como dice el autor, de manera paradójica convirtió su rostro en una copia exacta y real a la del cuadro pintado e imaginado siete años atrás. Episodio trágico el de 1938, que tuvo lugar de la siguiente manera: en medio de una pelea sucedida en el taller del pintor Óscar Domínguez (tremendamente ebrio), éste le tiró un vaso al también surrealista español Esteban Francés. El cual logró evitar el lanzamiento, aunque el objeto finalmente impactó en la cara de Víctor Brauner.
Ernesto Sábato, testigo de la escena la escribe de la siguiente manera: "Relato, por si no lo conocen, el episodio. Este pintor tenía la obsesión de la ceguera y en varios cuadros pintó retratos de hombres con un ojo pinchado o saltado. E incluso un autorretrato en que uno de sus ojos aparecía vaciado. Ahora bien: un poco antes de la guerra, en una orgía en el taller de uno de los pintores del grupo surrealista, Domínguez, borracho, arroja un vaso contra alguien; éste se aparta y el vaso arranca un ojo de Víctor Brauner. Vean ustedes ahora si se puede hablar de casualidad, si la casualidad tiene el menor sentido entre los seres humanos. Los hombres, por el contrario, se mueven como sonámbulos hacia fines que muchas veces intuyen oscuramente, pero a los que son atraídos como la mariposa hacia la llama."


Miembro del movimiento antifascista francés anterior al desarrollo bélico, es en 1939, año que coincide con el estadillo de la II Guerra Mundial, cuando se ve obligado a abandonar París y buscar refugio entre Gap (localidad francesa situada en la zona de los altos Alpes), Perpignan y los Pirineos. Una vez conseguida la liberación de las calles parisinas, fijo su residencia para el resto de sus días en la capital. De igual manera, recupera el contacto perdido con sus colegas surrealistas y mantiene su antiguo nivel de actividad. Sin embargo, a partir de 1948, sus trabajos aparecen desligados de esta vanguardia artística. Desde entonces, giran en torno a una temática centrada en la naturaleza y con claras referencias al estilo de Roberto Matta o el arte indígena americano. Relegado a un segundo plano a lo largo de la década de los cincuenta, los sesenta significaron una revalorización de su producción. No en vano, fue uno de los seleccionados para representar a Francia en la Bienal de Venecia de 1966. Año en el que se produce su prematuro fallecimiento, razón por la que recibe sepultura en el cementerio galo de Mortmartre tras padecer una tediosa, prolongada y amarga enfermedad.


Adán y Eva, (1923).


La bajada del suicidio, (1930).


Hipergénesis de la reaparición, (1932).


Retrato de André Breton, (1934).


El poder de concentración del señor K, (1934).


Hitler, (1934).


Sin título, (1935).


Composición con retrato, (1935).


Sin título, (1937).


La mujer de la noche, (1937).


Fascinación, (1939).


Sin título, (1941).


El triunfo de la duda, (1946).


Trío, (1947).


Tabla de lobo, (1947). Escultura que quizás junto con el retrato de Hitler y el autorretrato con el ojo arrancando, sea la de mayor fama entre todo su legado.


Intervisión, (1955). Colaboración con el también surrealista, Roberto Matta.


Azulejo, (1963).

2 comentarios:

Lola Zehínos dijo...

Fantástico. Me lo has vuelto a traer a la memoria.

F.David Rgz Campos dijo...

Un surrealista de cabecera, me encanta. La historia del ojo, una de las más curiosas que he leído. Espléndido tipo, un saludo.

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