domingo, 25 de septiembre de 2011

Jean-François Millet: El grito de la tierra.

Jean-François Millet, pintor realista francés, (Greville, Manche, 4 de Octubre de 1815-Barbizon, 20 de Enero de 1875). Comenzó su formación teórica y práctica en los estudios de pintura de Cheburgo, para poco después en 1837 ingresar en La Escuela Superior de Bellas Artes de París. Además en el taller de P. Delaroche centró sus esfuerzos a  la realización de retratos y luego por entero puso el foco de atención en plasmar desnudos con cierta carga de sensualidad. No obstante olvidadas éstas temáticas, a mediados de la década de los cuarenta dirigía su producción hacia la realidad de los campesinos. Temas rurales que a partir de 1849, momento en el que para huir de la epidemia de cólera se instalo definitivamente en Barbizon (el conocido como espacio de libertad y lugar de tan reputada Escuela), representaron su exclusiva dedicación. Ruralismo reflejado a base de un estilo grave y directo, impregnado de un sentido romántico y bañado de noble expresión. Un sutil y certero alegato en favor de uno los colectivos más desprotegidos, quizás excesivamente "crudo" para las frágiles conciencias de sus contemporáneos. Incluso acusado de socialista y demagógico por el tratamiento concedido a los aldeanos en sus pinturas, la suya sin embargo intentó ser la visión de un católico convencido y el reflejo pseudobíblico de una castigada realidad. Sumisión diaria y repetida de una gente atada a la tierra; símbolos de entrega y eterna miseria, ahora honrados por un Millet que les cederá el lujoso esplendor de su propia humildad.
El paso del tiempo le otorgó al paisaje el papel principal en todos sus trabajos. Unos paisajes puros y de sombrío colorido, los cuáles en su última etapa pese a la miseria imperante que lo asfixió durante toda su vida, le reportaron un cierto reconocimiento y grado de popularidad. En lo que respecta a su estilo: el sentido armónico en la composición unido a la exquisita cadencia y suculenta pincelada influyeron de forma notable en: Camille Pissarro, Vincent Van Gogh o el padre de puntillismo: Seurat.  De igual manera es necesario destacar que su manejo de la luz y la cantidad de sus lienzos firmados al aire libre, sirvieron de base para unos impresionistas inmersos en pleno proceso de ebullición.


El niño, (1841).


Retrato de un hombre, (1845).


Dos bañistas, (1848).


La bañista, (1848).


Camino al trabajo, (1851).


Los cortadores de madera, (1853).


Las espigadoras, (1857).


El ángelus, (1862).

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