jueves, 22 de septiembre de 2011

Edgar Degas: Espectáculo, vida y rigor.

Edgar Degas, pintor y escultor impresionista francés, (París, 1834-Idem, 1917). Tras realizar estudios de derecho en la capital del Sena (los cuales abandona), decide ingresar en La Escuela superior de Bellas Artes y complementa su formación pictórica como alumno en el taller del ilustre Louis Lamonthe (asimismo discípulo de Jean Auguste Dominique Ingres) a lo largo de 1855. Ese mismo año lleva a cabo un viaje hacia tierras italianas hasta 1860, siendo primero Nápoles, después Roma y por último Florencia, las ciudades que le permiten entrar en contacto con los principales genios de la época renacentista. Visita que sumada a sus continuas excursiones hacia el Louvre parisino y su predilección por la línea heredada de Ingres, configuran la que será su completa formación artística. Fijada su residencia de forma definitiva en París en 1860, establece su estudio e inicia una serie de lienzos con la historia de tema principal. No obstante, su evolución personal e influencias orientan sus trabajos camino de temáticas modernas. Posteriormente, al inicio de la década de los setenta (1870) se ve obligado a cumplir el servicio militar, operación que lejos de ser infructuosa le concede la posibilidad de conocer gracias al capitán de su regimiento: Henry Rouart, a algunos de los que serán futuros compañeros del movimiento impresionista, como a: Claude Monet o Berthe Morisot. Tan sólo dos años después parte rumbo a EEUU. A su retorno, junto a  Paul Cézanne, Camille Pissaro, Albert Sisley y Claude Monet participa en la primera exposición puramente impresionista en 1874. Un fracaso total tanto en crítica como público, así como falta de reconocimiento hacia una generación que estuvo privada del éxito hasta finales de la centuria.

Autorretrato, (1863).
Centrado desde mediados de los setenta en el uso del pastel frente al óleo, cambio que acorde a las palabras de uno de uno de sus biógrafos, François Fosca, responde a la siguiente razón: "En realidad, debido a su naturaleza inquieta y escrupulosa, Degas quería poder retocar su trabajo indefinidamente, abandonarlo y retocarlo más tarde, a veces después de años, sin que la materia de la pintura al óleo le pusiera trabas, pues o todavía no estaba seca o ya lo estaba demasiado. En ese aspecto el pastel le proporcionaba toda la libertad que deseaba y daba además a sus obras un carácter mate que al parecer le gustaba mucho". En sintonía, sus actuales creaciones mostraban un eminente interés por novedosos motivos como: las modistas, las amas de casa,  mujeres en el tocador o desnudas en sus propios baños; junto a una revisión en torno al mundo de las bailarinas.
Más adelante a mediados de la década de los ochenta, continúa con su experimentación y se produce una diversificación en su técnica: mezcla pintura junto a aguarrás con pastel e inventa el monotipo. Sin embargo los iniciales muestras de pérdida de visión, inciden en su autoestima y lo presentan como un hombre vencido por la desesperanza: "Aparte del corazón me parece que todo envejece en mí. E incluso el corazón es un tanto artificial"
En su última etapa aquejado severamente por su crónica enfermedad (ceguera progresiva), redujo su actividad a un arte que podríamos definir como de síntesis, con especial atención vertida en los desnudos de mujeres bañándose, peinándose o secándose: "Las muestro sin coquetería, en el estado de animales que se lavan", es decir, sin la carga erótica supuesta que tanto escándalo suscitó; y al género del ballet.

Autorretrato, (1900).
En lo que respecta a su estilo, tan sólo la defensa de una pintura alejada de los convencionalismos y pautas academicistas es el nexo de unión que une a Degas con el resto de sus compañeros. De esta manera,  elementos como su holgada posición económica y social, su completo desinterés por la naturaleza o la nula importancia que le otorga al color, el movimiento y la luz en detrimento del dibujo o la línea desde la década de 1870, ponen de manifiesto las considerables diferencias de base que lo separó: "El dibujo no es la forma, aunque sí la manera de ver la forma". De ahí, el hecho que no pueda definirse como totalmente impresionista. Influido por los aires orientales procedentes de Japón, de los grabados nipones aplica la composición descentrada, los puntos de visión y una mayúscula resolución. Además amante de la fotografía, mudó el encuadre fotográfico a sus pinturas y en cierta medida siempre apostó sobrado de elegancia hacia la suave mezcla entre el color y las formas.
Entre la variada temática presente en su dilatada trayectoria, cabe destacar el exquisito tratamiento concedido a: los retratos, las escenas de género, las carreras de caballo,  la danza, el circo, la vida en los cafés y sobre todo la figura humana en un estudio pormenorizado del movimiento y destinado a captar cualquier instante fugaz de los modelos. Un legado, el suyo, constituido por un arte "urbano", rebosante de objetividad y desprendido de cualquier halo de romanticismo, alejado todo lo posible del ambiente idílico o poético generado por sus coetáneos.

Considerado como uno de los grandes renovadores de la pintura en el siglo XIX, su obra inmortal y prolífica se halla presente en los más importantes museos del mundo: La Galería Nacional de Londres,  El Museo Louvre de París o La Galería Tate y el MOMA de Nueva York, a decir verdad son una magnífica muestra de su delicada genialidad.
Influyó de manera decisiva sobre artistas posteriores como Henri Tolouse Lautrec o Édouart Vuillard.


Haire de Gas, (1857).


Retrato de familia, (1858).


Edmund y Therese (Degas) Morbelli, (1865).


Escena de guerra de la Edad Media, (1865).


El señor y la señora Manet, (1869).


Carrera en provincias, (1869).


La clase de danza, (1874).


Examen de danza, (1874).


Lavandera, (1875).


Absenta, (1876).


En la bolsa, (1879).


Clase de ballet, (1880).


La pista de carreras, (1880).


Mujer desnuda tendida o Desnudo tendido, (1885).


Mujer peinándose el cabello, (1886).


La tina, (1886).


El baño matinal, (1890).


Bailarinas entre bastidores, (1897).


Mujer secándose la nuca, (1898). 

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