martes, 14 de junio de 2011

Giorgio De Chirico: Metafísica a color.

Giorgio De Chirico, pintor italiano de origen griego (Volo, Grecia, 1888- Roma, 1978). Formado en sus comienzos entre Atenas y Florencia, en su viaje de Grecia a Italia pasó y permaneció en Alemania donde completa sus estudios y entra en contacto con el realismo o el simbolismo germanos. De igual modo, conoce y queda fascinado por la filosofía de Nietzche y Shopenhauer, autores fundamentales en su posterior concepción vital y artística definida durante su enriquecimiento cultural en el prodigioso universo cultural que represento el Munich de principios de siglo. Posteriormente a partir de 1911 cuando fija su residencia en París entablará relación de amistad con otros artistas como Paul Valéry, Pablo Picasso o Guillaume Apollinaire, esenciales para el conocimiento directo de las vanguardias. Residente en la capital francesa y en pleno estallido de las mismas, lejos de interesarse o mostrar intención de unirse a alguna de las nuevas corrientes en apogeo; su búsqueda personal distaba mucho de derivas conjuntas y manifiestos compartidos. El resultado de esta autonomía pictórica e independencia académica: espacios solitarios y extraños junto a arquitecturas con la función de resaltar la soledad de un mundo misterioso poblado por maniquíes como metáforas de un hombre moderno autómata, alienado y mudo en un mundo por entonces víctima de la primera de sus guerras mundiales. Inspirador original y auténtico creador de la pintura metafísica, precursora del surrealismo y  por lo tanto uno de los puntales iniciadores de lo que posteriormente representaría este movimiento con André Breton a la cabeza. Una pintura metafísica nacida desde un concepto filosófico y que hace referencia a algo más allá de lo natural, más allá de la física, es decir, como su nombre indica a lo metafísico. Un intento por parte de De Chirico para plasmar el laberinto de la psique humana desde un punto de vista filosófico y basado en el subsconciente.
Debido a ello, su estilo único apuntalado sobre una técnica cuidada al extremo, le sirve de plataforma para la  mezcla objetos dispares en ambientes y escenas propias de atmósferas enigmáticas, oníricas y misteriosas alejadas de una visión ajustada a los cánones de lo real.

En lo que a la trayectoria pictórica de Giorgio De Chirico se refiere es necesario diferenciar dos grandes periodos. El metafísico, conformado a su vez por tres etapas: el inicial con una abundancia de paisajes urbanos diseñados bajo perspectivas claramente renacentistas; un segundo en el que hace aparición sus famosos maniquíes y un último tiempo con la preponderancia de escenas interiores con habitaciones vacías y desoladas. Y un segundo que coincide con su vuelta a mediados de los años treinta a tierras italianas, supuso un punto de inflexión en su imprescindible carrera, ya que repudió esta etapa de su producción e hizo suyo una nueva estética cercana e influida por autores de corte más tradicional, con ciertas reminiscencias a Rubens o Renoir.

Entre aquellos influidos por el arte de De Chirico destacan los surrealistas René Magritte, Salvador Dalí y Max Ernst.


Centauro moribundo (1909).


Retrato de su hermano Andrea (1910).


Cántico del amor (1914).


El sueño del poeta (1914).


El enigma de la fatalidad (1914).


El duo (1915). 


Autorretrato (1920).


Autorretrato (1925).


La familia del pintor (1926).


Los arqueólogos (1927)


Desnudo de mujer (1929).


Árabe a caballo (1935).


Plaza de Italia con estatua ecuestre (1936).


 Autorretrato desnudo (1942)


Boceto para un cartel del Fiat 1400 (1950).


La escuela de gladiadores (1953).


El que consuela (1958).


Autorretrato con el atuendo del siglo XVII (1959).


La musa del silencio (1973).

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