lunes, 10 de enero de 2011

José Gutiérrez Solana: entre el costumbrismo y lo macabro.

José Romano Gutiérrez Solana y Gutiérrez Solana, pintor, dibujante y escritor español (Madrid 1886-1945). Comenzó a interesarse por la pintura gracias al impulso paterno junto con el apoyo director del profesor de La Escuela de artes y oficios de Madrid, José Díaz Palma. Formado en dicha institución, tras el fallecimiento de su padre en 1898 ingresó en La Escuela de Bellas Artes de San Fernando para abandonarla en 1904, sin apenas haberle prestado atención a los libros y centrarse en descubrir la vida en la capital. Incluso no fue ni a recoger el título otorgada tras la finalización de sus estudios, dada la escasa importancia concedida al valor académico. Terminada esta etapa, expone en alguna que otra galería y entra en contacto con los círculos intelectuales y de tertulia madrileños, como las del Café Levante, el Oriental o el Universal en compañía de los escritores Ramón María del Valle Inclán o Ricardo Baroja. No obstante, la demencia sufrida por su madre le obliga a abandonar la capital y trasladarse a Santander donde permanece durante el periodo de 1909 a 1917 hasta retornar a Madrid de manera definitiva. A su vuelta es asiduo a las famosas tertulias de Ramón Gómez de la Serna en el madrileño Café Bombo (el cual inmortalizó en uno de sus trabajos), alternándolas con los paseos por zonas marginales o tétricas de la ciudad donde entra en contacto con los bajos fondos, la miseria y la más pura cotidianeidad. A finales de los veinte reside en París (sólo 22 días) y posteriormente en el lapso de tiempo que representó nuestra guerra civil, auque termina sus  días en el Madrid natal.

Trabajador y genio incombustible, progresivamente su prestigio en alza le permitió participar en diversas muestras y exposiciones a nivel mundial: Londres (1921), Bienal de Venecia (1928,1942), Berlín (1942), Oslo (1931), San Francisco (California, 1927) o Amsterdam (1928), entre otras. Asimismo recibe multitud de galardones obtenidos a lo largo de su carrera: medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (1943), en la Exposición Internacional de Barcelona (1929), en la exposición de Rincones y costumbres (1942), la medalla de honor de la exposición nacional de Bellas Artes (1945) concedida a título póstumo,...
En sus obras pese a estar entroncado con la corriente expresionista europea de James Ensor o George Roault, se desprende el aroma de la tradición pictórica española. No en vano el historiador y crítico de arte Juan Antonio Gaya Nuño, lo describía así: "El estilo solanesco, o lo que es lo mismo, el arte de Gutiérrez Solana, es aquel que posee realismo a ultranza, expresionismo sustancial y paleta sobria en pardos y oscura en ausencia notable de tonos luminosos, todo ello al modo de nuestros grandes pintores barrocos, a los que Solana estudia, interpreta y refleja de manera inmortal, Velázquez, Ribera, Zurbarán, además del Greco y Goya, y en el extranjero Brueghel el Viejo y Rembrant".
Con un estilo determinado por su temática en torno al significado de la muerte (quizás por el súbito impacto ocasionado tras visualizar de niño el cadáver de su hermana) y la simbología de las máscaras, causantes de varias crisis nerviosas durante su infancia. Suya es una trayectoria marcada por el carácter tétrico y siniestro de las obras, en su mayoría reflejo del costumbrismo español, y que engloba desde pinturas de toreros hasta de bodegones y retratos pasando por la atención mostrada hacia prostitutas o coristas. En una clara progresión profesional que adquiere tintes macabros, en conexión directa con dramáticas vivencias de tipo personal. De este modo las pinturas negras de Goya, representan una fuerte influencia en la fijación de su estilo.

En cuanto a su faceta de escritor destacan algunas obras como: Madrid escenas y costumbres (1913), Madrid callejero (1923), Florencio Cornejo (1926) o La España Negra (1920). Su producción actualmente se halla expuesta alrededor de medio mundo, en las salas del museo contemporáneo de Madrid y Bilbao, el de Arte Moderno barcelonés, Nueva York, Buenos Aires y diversas colecciones particulares. Su contribución artística puede afirmarse que ha sido uno la de los pintores más geniales de su generación en la primera mitad del siglo XX, y por ende de la pintura nacional.


Las coristas (bajos fondos) (1915).


El Lechuga y su cuadrilla (1917).


Los pájaros (1920). 


Los payasos (1920). 


Tertulia en el Café Pombo (1920). 
 

El espejo de la muerte (1929).

Las chicas de la Claudia (1929).


Suplicio Chino (1930).

El osario (1931).


El capitán mercante (1936). 


Retrato a Unamuno (1936). 


Máscaras con burro (1936).


Autorretrato con muñeca (1943).

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